¿Y HOY DÓNDE CENAMOS?

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¡Ya, ya sé que es enero y la báscula está que echa humo… Pero no querrás mandar al traste tu vida social, ¿no? A ver, las cosas como son, la mayoría de los planes chulos se organizan en torno a un plato de comida (bueno, uno o varios).  Nos gusta más comer (y beber) que a un tonto un lapicero. Es así…

¿Qué cumples años? Cenita y copas. ¿Qué encuentras un nuevo trabajo? Comilona y digestivo. ¿Qué terminas o empiezas un proyecto? Tapas y cañas… Qué le vamos a hacer, alguna tara había que tener…

Y yo confieso que me encantan estos planes gastronómicos. Me contengo un poco por aquello de no alimentar a las lorzas más de la cuenta, pero ya lo decía mi abuela: “A esta niña trae más cuenta comprarle un traje que darle de comer”. En fin, que la dieta ya si eso para febrero o marzo.

¿COCINA TRADICIONAL O ALTA COCINA?

El caso es que muchas veces, cuando estamos organizando una quedada suele plantearse un dilema: ¿cocina tradicional o alta cocina? Una batalla difícil de lidiar. A mí me suele costar bastante decidirme;  yo le doy un poco a todo.

Bueno, en realidad a todo no… Depende de la situación. ¿Os imagináis una primera cita en un establecimiento de pitiminí? Ufffffff. Si ya es difícil superar el primer encuentro con tu crush -como llaman ahora los jóvenes a los churris de toda la vida-, hacerlo en un restaurante fino ya es para sacar nota. Empiezan a desfilar por la mesa platos innombrables, preciosos, súper bien presentados, que a saber cómo y con qué están preparados… Y mientras tanto, tú pensando cómo leches vas a hincarle el diente a esa monada (me refiero a los platos, por supuesto)… Desde luego, mérito tienen un rato, pero claro, se te juntan los nervios con las ganas de comer y terminas masticando la cáscara de los huevos revueltos con chantilly o la pajita del mojito deconstruido. Vamos, un desastre sin precedentes. Sales de allí muerta de hambre y, lo que es peor, sin posibilidades de comerte un rosco después de hacer semejante ridículo.

¿Y qué me dices de los trampantojos? Madre mía que horror… Estos pinchos que, como bien  indica su nombre (trampa + antojo), parecen una cosa y luego son otra. O te lo cuentan o es imposible saber qué te estás llevando a la boca. Vamos, exactamente igual que ligar a partir de los 45… Una cosa es lo que se ve por fuera y otra muy diferente lo que luego te encuentras por dentro. Tienes prácticamente las mismas posibilidades de llevarte una sorpresa agradable o desagradable. ¡La suerte está echada!

Lo de la alta cocina está genial para ir con gente de confianza, pero cuando se trata de ligar, es preferible no arriesgar.

Esther G. Valero

Mejor apostar por un sitio de los de siempre, con menos sorpresas… Un restaurante donde te den bien de beber (fundamental para desinhibirse) y te pongan un buen chuletón o un buen pescadito. Abstente de pedir una tosta de jamón si no tienes bien la mordida o una ensalada que te deje los dientes llenos de “paluegos” (te lo digo por experiencia), pero casi todo lo demás está permitido. Comerás bien y con pocos sobresaltos. Las sorpresas  mejor para última hora. Si consigues pillar algo, ya llegará el momento de poner sobre la cama tus trampantojos, jajajaja.

Pues sí, porque yo he llegado a la conclusión de que con esto de la comida ocurre igual que con el sexo.  A ver… ¿calidad o cantidad? No nos engañemos, la edad manda. Cuando eres joven, tienes mucha energía y poco dinero. Vamos, que te comes lo que te echen e intentas gastarte lo mínimo. Conforme van trascurriendo los años, la balanza comienza a inclinarse hacia el otro lado. Te vuelves más sibarita (una palabra que claramente ha inventado un viejo; sabio, perdón, quería decir sabio…). El cuerpo empieza a estar para menos excesos. No te queda otra que comer menos, mejor y, cómo no, te sale bastante más caro.

Bueno, y entonces tú… ¿prefieres la calidad o la cantidad? Quiero decir… ¿la alta cocina o la cocina tradicional? Ejem, ejem

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Autora
ESTHER G. VALERO

Periodista vocacional con bastante facilidad para enrollarme. No hay media maratón que se me resista y nunca digo que no a un plan con amig@s o una buena copa de vino. Canalla a mucha honra, escribiendo sin filtros. (+ info)

#MeVaLaMarcha #Irónica

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Autora
ESTHER G. VALERO

Periodista vocacional con bastante facilidad para enrollarme. No hay media maratón que se me resista y nunca digo que no a un plan con amig@s o una buena copa de vino. Canalla a mucha honra, escribiendo sin filtros. (+ info)

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